Atras

Claves para entender el aumento de la polarización política en España

España pasó del segundo nivel de polarización ideológica más bajo desde la Transición, en el año 2000, al más alto de toda su historia democrática, en 2019. Este es uno de los principales datos en los que se basa la investigación del profesor de la Facultad de Comunicación Aurken Sierra.

El estudio analiza los índices de polarización en España de las últimas dos décadas, los medios de comunicación y los discursos en los debates de investidura, que no han hecho sino plasmar la falta de voluntad de diálogo y consenso por parte de los líderes políticos.

En esta entrevista, Aurken Sierra explica las claves principales de su análisis sobre polarización, uno de los temas que abordará el papa León XIV durante su visita a España. Destacado en su agenda está el discurso que pronunciará desde el Congreso de los Diputados: “En unas Cámaras en las que impera la división, abrir la tribuna a una voz como la del papa ha sido de las pocas iniciativas que ha concitado el acuerdo de todos los grupos. Eso dice algo importante sobre el momento que vivimos y brinda una oportunidad infrecuente en la política española a León XIV: la de dar un mensaje que nos recuerde la base de la convivencia”, afirma el investigador.

  1. ¿Cuáles son las líneas principales de tu investigación?

Entre el 2000 y 2020, la política española pasó de un bipartidismo relativamente estable a un escenario fragmentado en el que la inestabilidad se convirtió en la seña de identidad. Mi investigación analiza esas dos décadas y busca medir ese cambio con precisión, más allá de las impresiones y los titulares. Trabajo con tres fuentes distintas pero conectadas entre sí.

La primera son los índices de polarización, adaptados al contexto español a partir de los barómetros del CIS: mido tanto la distancia ideológica entre partidos (si la izquierda y la derecha se alejan en el eje ideológico) como la polarización afectiva, que no pregunta qué piensan los ciudadanos sino cómo se sienten ante los partidos ajenos al suyo.

La segunda fuente son los debates de investidura del Congreso de los Diputados entre la VII y la XIV legislatura, en los que los diputados confrontan sus posiciones y discuten la idoneidad de los candidatos a presidente, de manera reglada y pública. En total, 175 intervenciones repartidas en nueve debates.

La tercera fuente es la prensa: portadas y editoriales de ABC, El País y La Vanguardia publicados justo después de cada sesión, para ver si el clima del hemiciclo se trasladaba, y de qué manera, a tres de los grandes periódicos españoles. El hallazgo central que articula la investigación es que España pasó del segundo nivel de polarización ideológica más bajo desde la Transición, registrado en el año 2000, al más alto de toda su historia democrática en 2019.

  1. ¿Cuáles son las principales causas de la polarización?

La polarización no tiene una causa única. Entre las causas que la investigación identifica encontramos tres grandes grupos. El primero de ellos es económico y está muy vinculado a los procesos de crisis que experimentó España entre 2008 y 2012. La desigualdad, el desempleo y la inestabilidad generada durante esos cuatro años, además de tener las consecuencias de sobra conocidas, fueron determinantes para entender la irrupción de nuevos partidos a partir de 2015.

A este contexto inestable se añadió la inestabilidad institucional, producto del encuentro entre la nueva y la vieja política: los sistemas de primarias adoptados por los partidos tradicionales tuvieron el efecto no deseado de elevar a políticos que ganaron apelando a los activistas más ideologizados dentro de sus formaciones políticas, algo que alejó a esos partidos del votante medio. Pedro Sánchez en 2017 y Pablo Casado en 2018 fueron dos buenos ejemplos. Esta inestabilidad, unida al desacuerdo estratégico que se impuso en unas formaciones incapaces de alcanzar pactos fuera de su bloque ideológico, terminó por gripar gran parte de la normalidad institucional. Por último, el tercer grupo de causas es comunicativo: los medios de comunicación españoles han reforzado un paralelismo político, que, aunque no era ajeno al contexto español, sí que se expresó con mayor intensidad a partir de 2018.

P. ¿Cómo pueden contribuir las instituciones públicas a la unidad y al consenso?

En cuanto al papel de las instituciones, la investigación permite señalar tres palancas. La primera es la recuperación de la deliberación parlamentaria como espacio real de negociación que trascienda al bibloquismo y que deje de actuar como escenario de posiciones. Los datos muestran que los discursos de investidura posteriores a 2016 se han vuelto progresivamente más emocionales y más centrados en la crítica personal que en la discusión de políticas concretas. Revertir esa tendencia requiere una cultura institucional que valore el acuerdo y no lo castigue electoralmente. La segunda palanca es la construcción de consensos en torno a lo que los politólogos llaman temas transversales: asuntos en los que las diferencias ideológicas son menores y donde el acuerdo es posible, y que pueden servir como punto de partida para recuperar la confianza entre adversarios. La tercera es la transparencia y la rendición de cuentas. Cuando los ciudadanos perciben que las instituciones funcionan con imparcialidad, la desconfianza hacia el exogrupo político disminuye.

Los datos muestran que los discursos de investidura posteriores a 2016 se han vuelto progresivamente más emocionales y más centrados en la crítica personal que en la discusión de políticas concretas»
  1. ¿Qué significado tiene el discurso de un líder en sede parlamentaria?

Cuando un candidato a presidente sube a la tribuna del Congreso de los Diputados para pedir la confianza de la Cámara no se dirige solo a los diputados sentados frente a él. El discurso que pronuncia se dirige, al mismo tiempo, a los medios de comunicación, a los ciudadanos que lo seguirán en las noticias y, también, a la historia política del país. Esa multiplicidad de audiencias lo convierte en un producto comunicativo de primer orden. Además, el discurso de investidura supone la presentación de un plan de gobierno, en la que el candidato explica cuál será el rumbo que quiere imprimirle al país.

El análisis de los primeros veinte años del siglo XXI demuestra que se ha producido un progresivo empobrecimiento de los mensajes emitidos en los debates de investidura. En los pronunciados en las primeras legislaturas, los candidatos optaban más por discursos que apelaban al diálogo y a los intereses comunes. En los debates posteriores a 2015, esa gramática del acuerdo casi ha desaparecido. Los oradores simplifican la realidad a dos bloques, califican al adversario en términos personales más que programáticos, y emplean un lenguaje con una carga emocional creciente. El discurso parlamentario es, en este sentido, un espejo roto de la sociedad: refleja sus fracturas y las amplifica. Un líder que habla desde la sede de la soberanía nacional tiene una responsabilidad que va más allá de ganar el debate del día: tiene la capacidad de normalizar un tono o de elevarlo, de construir muros frente al enemigo o de tender la mano. En gran medida porque la tribuna parlamentaria es, todavía, el lugar donde las palabras tienen consecuencias institucionales.  

 

Un líder que habla desde la sede de la soberanía nacional tiene una responsabilidad que va más allá de ganar el debate del día: tiene la capacidad de normalizar un tono o de elevarlo, de construir muros frente al enemigo o de tender la mano»
  1. En este sentido, ¿qué lectura podemos hacer del mensaje que el papa difundirá en sede parlamentaria?

No ha hablado ningún papa antes en el Congreso de los Diputados. Juan Pablo II visitó España cinco veces y Benedicto XVI tres, pero ninguno subió a la tribuna del hemiciclo. León XIV lo hará el 8 de junio de 2026, y eso convierte su discurso en un acontecimiento sin precedentes en la historia parlamentaria española.

Creo que lo más revelador ahora mismo no es el discurso en sí (que todavía no ha pronunciado), sino el contexto en el que se produce. Las Mesas del Congreso y del Senado votaron unánimemente aceptar la propuesta remitida desde El Vaticano. En unas Cámaras en las que impera la división, abrir la tribuna a una voz como la del papa ha sido de las pocas iniciativas que ha concitado el acuerdo de todos los grupos. Eso dice algo importante sobre el momento que vivimos y brinda una oportunidad infrecuente en la política española a León XIV: la de dar un mensaje que nos recuerde la base de la convivencia.

  1. ¿Cómo puede la universidad contribuir a formar a los jóvenes en el pluralismo y el respeto hacia el diferente?

La polarización no es solo un fenómeno de élites: la investigación muestra que los lazos partidistas se forman en la juventud y permanecen relativamente estables durante buena parte de la vida adulta. Esto significa que los jóvenes no son un grupo a salvo de la polarización, sino el terreno donde esta se asienta o se previene. La universidad tiene en ese proceso un papel que ninguna otra institución puede sustituir. Ese papel no es adoctrinar en el pluralismo como si fuera una asignatura más, sino crear las condiciones para que el encuentro con la diferencia sea real y formativo.

En gran medida, la polarización prospera cuando el adversario es invisible. Si el endogrupo es omnipresente, si solo se leen los medios del propio bando, solo se frecuentan personas de la misma ideología y el debate público queda reducido a una serie de etiquetas o estereotipos que sustituyen al argumento, la realidad se empobrece.

La universidad puede interrumpir ese circuito de varias maneras. La primera es metodológica y consiste en enseñar a distinguir entre un dato y una opinión o entre un argumento y una apelación meramente emocional. Fomentar el pensamiento crítico —hacia todos, no solo hacia el exogrupo—es la vacuna más eficaz contra la desinformación y contra la simplificación que alimenta la polarización. La segunda es más experiencial, aunque propia de lo que es la universidad. Poner a los estudiantes en contacto con perspectivas que no buscarían por sí mismos, no para que las adopten, sino para que aprendan a escucharlas, a refutarlas con argumentos y a reconocer lo que tienen de legítimo, tiene un impacto directo en los procesos de polarización. Formar en el pluralismo no es enseñar que todas las opiniones son igualmente válidas, porque ya sabemos que no lo son, sino que todos los ciudadanos merecen el mismo respeto, incluidos aquellos con quienes uno está en profundo desacuerdo.

Otros contenidos sobre la unidad

¿Qué significa pluralismo?
José María Torralba | Catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras.

¿Se puede construir algo común desde la diferencia?
Teresa Sádaba | Catedrática de Opinión Pública en la Facultad de Comunicación.