José Javier Sánchez Aranda, Carlos Barrera, Jordi Rodríguez Virgili y Aurken Sierra forman una cadena de tesis dirigidas de maestro a discípulo que sigue en activo en la Facultad de Comunicación
La tesis entraba en los planes de futuro de José Javier Sánchez Aranda en 1980, su último año de carrera. Además, la Facultad de Comunicación, que en aquel entonces se encontraba formando a nuevos profesores de Periodismo, le abrió las puertas. Su trabajo doctoral, que comenzó realizando con máquina de escribir, se centró en la etapa fundacional del Diario de Navarra.
El profesor Sánchez Aranda depositó su tesis en 1983. En ese momento, la dinámica de elección de doctorandos, el desarrollo tecnológico, la política y el periodismo eran distintos. Polarización no había sido elegida palabra del año y desinformación no tenía el significado que tiene hoy en día cuando, en 1984, José Javier Sánchez Aranda comenzó a dirigir la tesis a Carlos Barrera. Y este hizo lo propio con Jordi Rodríguez Virgili, en 1998, quien después dirigió a Aurken Sierra, en 2018.
En apenas unos pasos se puede recorrer la distancia que separa las puertas de sus despachos. Cuatro generaciones de una misma saga académica que sigue vigente en el departamento de Comunicación Pública de la Facultad de Comunicación.

El papel imprescindible del profesor
Entre todo lo que ha cambiado hay una cosa que los cuatro profesores afirman que permanece intacta: el papel imprescindible que juega el profesor a la hora de que el estudiante dé el primer paso en su etapa académica. “En mi caso me convencieron para quedarme. No entraba en mis planes la tesis, tenía puertas abiertas para incorporarme a un periódico”, recuerda Carlos Barrera. El profesor Sánchez Aranda, en cambio, no tuvo la oportunidad de darle clase —coincidió con su año de mili en Cáceres y Madrid—, pero un profesor sustituto le sugirió que Carlos debería quedarse en la Facultad. Mediante persuasión y un tema que le atrajo desde el principio, el diario Madrid, lo consiguió: “No me lo pensé mucho. Sabía que iba a estar bien acompañado. José Javier fue una figura clave”, asegura el profesor Barrera.
Jordi Rodríguez Virgili vivió un proceso parecido: “Me gustaba el periodismo y quería ejercerlo. Tenía profesores que hacían las tesis mientras trabajaban, pero me lo desaconsejaron”. Una vez más, el director fue parte de la decisión: “Carlos me ofreció un proyecto muy atractivo que mezclaba Historia, Periodismo y Política: El Alcázar y Nuevo Diario”. Además, la presencia de ambos en el equipo de fútbol de profesores de la Facultad, NIPHO, se convirtió en un elemento clave para estrechar lazos entre ambos. También para desatar conspiraciones. “Existió rumorología de que me había fichado solo para reforzar el equipo”, apunta Jordi. Sin embargo, Carlos desmiente, entre risas, que dirigiera a Jordi por su talento deportivo. Eso sí, ascendieron de tercera división a primera de la liga PGE (profesores, graduados y empleados).

Una rama de investigación que ha ido creciendo
La cercanía entre estos cuatro profesores de una misma saga académica se ha ido cultivando desde sus inicios. “Es mi director y maestro. Me enseñó a investigar, pero también teníamos una relación de amistad”, expresa el profesor Rodríguez Virgili. La sinergia entre director y doctorando es un aspecto que Carlos considera crucial para el éxito de la producción de tesis: “En el camino hay que conjugar lo intelectual con lo humano. Si no hay una relación de amistad es difícil que la cosa cuaje bien”, dice.
Con los años, esa cercanía se ha extendido a toda la familia. Desde que José Javier Sánchez Aranda depositó su tesis, la saga ha pasado de una persona a cuatro, y el mayor de la saga mira el resultado con satisfacción: “Me alegra ver cómo han crecido los tres. Siento orgullo por ver cómo lo que van haciendo es mejor que lo que hago yo. Les admiro mucho”.
Esa admiración mutua también se ha traducido en una relación académica prolífica. “He firmado con los tres. Con José Javier colaboré en su seminario de periodismo deportivo, con Carlos también he publicado, y Aurken y yo trabajamos de cerca en temas de actualidad, como la polarización”, comenta el profesor Rodríguez Virgili.

El último en llamar a la puerta
“Para hacer una tesis hace falta capacidad de trabajo. Son años de mucha investigación en un aspecto concreto que requiere madurez intelectual”, apunta Jordi Rodríguez Virgili. Características como estas fueron las que vio en Aurken Sierra, el último en sumarse al legado con su tesis sobre la polarización. Su inicio doctoral no se asemeja al de sus tres predecesores en la saga por las diferencias temporales. Lo que antes era común, que los profesores llamasen a la puerta de los estudiantes, ahora ha cambiado y la iniciativa recae en ellos. “Jordi me dio clase en tercero y conecté mucho con la asignatura, pero se quedó ahí”, recuerda Aurken. Tras ser alumno interno suyo y acabar la carrera, siguió colaborando con él mientras trabajaba. En las elecciones de 2016 le ayudó cubriendo la campaña de un partido político para una investigación. Una estación de tren y varias horas de espera fueron las culpables de descubrir que quería dedicarse a la investigación: “Me metí tanto que casi pierdo el viaje”. Tras este episodio, acudió al despacho de Jordi para sugerirle que le dirigiera la tesis.
Desde 2022, año en que depositó la tesis, Aurken Sierra es integrante de esta «familia académica» y reconoce la ayuda que le han prestado: “Al ser el pequeño de esta generación, ha habido una parte de esta enseñanza que se ha cocinado a fuego lento. Siento que bebo de un legado que se ha ido transmitiendo”. Aurken muestra también un especial agradecimiento al rol que desempeña su “bisabuelo” académico, José Javier: “Es una persona que siempre ha estado ahí para resolverme todas las dudas. Me ha ayudado mucho en la parte de metodología”.
A la espera de que la saga vaya a más —ya dirige a un doctorando—, Aurken Sierra opina que el profesor debe seguir jugando un papel de guía: “Creo que deberíamos ser sensibles para ver en qué alumnos se está despertando este interés. Hay que ver su potencial, porque algunos no se lo plantean o lo ven muy lejano”. Tiene claro que, para que los departamentos sigan siendo dinámicos y de generaciones distintas, hay que pensar a largo plazo con los estudiantes y doctorandos: “No podemos esperar a que los alumnos vayan llamando a la puerta”.
